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sábado, noviembre 27, 2004

Terror

Dos veces este año me he encontrado en sofá ajeno viendo una película insufrible. La primera vez se trató de Freddy vs. Jason, probablemente la peor película de la historia. Por cortesía y falta de confianza, no hice lo que debí: dar las gracias e irme a hacer cualquier otra cosa. Y en consecuencia me pasé dos horas viendo como estos dos adefesios mataban a adolescentes gringos de inteligencia precaria.

La segunda vez, fue otro sofá y otra película: Dawn of the Dead. En esta ocasión afortunadamente mis anfitriones se apiadaron de mí y sólo vimos las primeras catorce muertes, es decir, los primeros diez minutos de película.

Me cuesta trabajo entender el placer que estas películas de terror le dan a mucha gente. He visto varias, desde las clásicas-de-culto como Eraserhead que es una película realmente aterrorizante, (yo pagaría por no volver a pensar en ese bebé), hasta churros del estilo Freddy Kruger. Ninguna me ha causado ningún placer. Pero evidentemente mucha gente las disfruta. Hay quienes dicen que se deleitan en el lado cómico-involuntario que la pobre cinematografía produce, pero ese efecto lo causan mejor las películas de Juan Orol, las mexicanas de luchadores, o las de Ed Wood, que son también de terror pero muy primitivas.

La gente encuentra su placer en el horror en sí. Pero horrores sobran en el mundo. Verán películas de horror en el Congo? en Abu Ghraib? en San Juan Ixtayopan? Probablemente, pero su fans están en lugares donde el horror no es el pan de cada día, y la gente necesita regocijarse en sangre, celebrarla.

miércoles, noviembre 24, 2004

Español

Hace unos días dijo Carlos Fuentes que "es la lengua española la que con mayor elocuencia y belleza nos da el repertorio más amplio del alma humana, de la personalidad individual y de su proyección social. No hay lengua más constante y más vocal: escribimos como decimos y decimos como escribimos".

El caso extremo es el noruego. Un país de 4.5 millones de personas tiene dos idiomas escritos, y nadie, ni el rey, habla como escribe. Una palabra tan elemental, corta y útil como "yo" tiene dos grafías: "jeg", en bokmål (un idioma que es un hijo bastardo del danés) y "eg", en nynorsk (un idioma inventado por un ultranacionalista provinciano).
Pero además, cada región por minúscula que sea, tiene dialecto propio, y dice "yo" como le da la gana: hay quien dice ej, æ, i, a.

Así que es un lujo, una verdadera maravilla, sentarse con un español, dominicano o uruguayo a hablar como en casa.

domingo, noviembre 21, 2004

Resúmenes

No sé cómo di con esta página: Summarise a novel in 25 words

Va mi resumen en menos de 25 palabras de los últimos tres libros que he leído:

- México vive en la mentira: lo occidental es un veneno eficaz y un lastre para el México real, el indio.
México Profundo, de Bonfil Batalla. Libro mal escrito y mal argumentado pero interesante.

- Soy médico y poeta. He vuelto a mi tierra, Portugal. Antes de morir tengo dos amantes, y mi mejor amigo es el fantasma de Fernando Pessoa.
El Año de la Muerte de Ricardo Reis, de José Saramago. Librazo!

- Seduzco a la mujer de otro para dejarla sola y reencontrarla media vida después. En el inter, conozco el mundo y seres fantásticos.
Peer Gynt, de Henrik Ibsen. Un clásico sobre el noruego más famoso, que es lo menos noruego posible.

jueves, noviembre 18, 2004

La estructura más horrible parte 2


ObrasWeb / Qué tiene el Benemérito en la cabeza?: "Sin duda alguna, el monumento conocido como La Cabeza de Juárez constituye un punto de referencia para los habitantes de la Delegación Iztapalapa de la Ciudad de México, así como un descanso visual (sic que horroriza al editor de este blog) que contrasta con las deslavadas unidades habitacionales Ejército de Oriente y División del Norte."


La cabezota y yo tenemos la misma edad, pero la conocí apenas hace dos años. Mucho había oído hablar de ella, y siempre como punto de referencia y siempre sin artículo: "cerca de Cabeza de Juárez", no "cerca de LA cabeza" ni "cerca de UNA cabezota". Las más de las referencias venían de Radio Red y sus "reporteros viales" (y de uves labiodentales al estilo Gutierrez Fifó). Muchas mañanas de mi vida, mientras me desayunaba, reporteros viales semi-alfabetizados me informaron, por ejemplo, de "un asentamiento vehicular a la altura de Cabeza de Juárez provocada por un taxi tipo volkswagen de color ecológico de placas 435xsazfs que entorpece el flujo vehicular en ambos sentidos se recomienda tomar vías alternas, señor Gutierrez Vivó".

Uf. Un asentamiento vehicular? quién usa ese término en la vida real? a cuál altura se refiere, a la de Juárez en si (1.70m?), a la de su monumento o a la de la avenida? cuál es el color ecológico? a quién le interesa saber el modelo y número de placas de un taxi al otro lado de la ciudad? vías alternas? cuáles? un helicóptero? el suicidio? levantarse en armas contra el gobierno del Distrito Federal?

Bueno, pero estábamos con la cabeza del benemérito. Si al Loco Valdéz lo vetaron de la televisión por referirse a Benito Juárez como "bomberito", qué castigo habría que darle al arquitecto Carrasco?

miércoles, noviembre 17, 2004

La estructura más horrible

La página "Museos de Interés Histórico y Turístico de la Delegación Iztapalapa" la describe así:

"La construcción de la Cabeza de Juárez mide 13 m. de alto por 9 m. de ancho y pesa 6 toneladas. La base de la cabeza tiene una altura de 12.38 m., 15.95 m. de ancho y 6 m. de fondo. Interiores dedicados a resaltar la actividad artística del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros y a la trayectoria política del Benemérito de las Américas Benito Juárez García. Arq. Lorenzo Carrasco. Obra pictórica Luis Arenal."

Qué inspiraría al arquitecto Lorenzo Carrasco a crear esta mounstrosidad? Cómo llegaría a la conclusión de que lo que hacía falta en ese crucero era una enorme cabeza de Benito Juárez, de cemento y varilla? Por qué Juárez? Por qué su cabeza? Por qué ahí?

Va mi teoría.
Delegado en Iztapalapa en 1975:Pues si compadre, a la orilla de Iztapalapa, allá donde se acaba la ciudad y las ilusiones, necesitamos algo para inspirar a la perrada. Necesitamos un monumento o algo que los haga sentirse orgullosos. Querétaro tiene sus arcos, Veracruz su malecón, Monterrey su plazota. Iztapalapa necesita algo que presumir.
Arq. Carrasco:
Cómo qué tiene en mente?
Delegado: Pues no se. Un monumento. Una estatua. Mesero, otra de Bacardí blanco con seis cocas. Usté es el artista, dígame.
Arq. Carrasco: Qué tal Zapata?
Delegado: Uy! No. Se me alborotan. Ni Zapata ni Villa por favor. A lo mejor Juárez.
Arq. Carrasco: Oiga pero no está muy quemado? Ya ve que apenas fue el año de Juárez, y monumentos al benemérito sobran.
Delegado: Si, pero no en Iztapalapa. Cómo ve?
Arq. Carrasco: Pues bien. Sería algo referente a las leyes de reforma? contra los franceses? algún símbolo masón?
Delegado: Con todo respeto, no manche. Usté ha visto el monte Rushmore?
Arq. Carrasco: No.
Delegado: Ah, pues los gringos tienen talladas las cabezas de sus héroes en un monte. Eso sería lo ideal, pero bueno, el cerro de la estrella ya está poblado por todos sus flancos, así que no podemos hacer lo mismo. Pero bien podemos poner hacer una escultura gigante con la cabeza del benemérito. Que le parece?
Arq. Carrasco: Pues un poco feo para dedicarle una escultura. Pero como usted diga Lic.
Delegado: Ah, y usted muy guapo, no? Entonces ya sabe. Glorieta, pedestal, cabezota. Para inagurarse antes de que se acaba el sexenio.


martes, noviembre 16, 2004

Seis meses




Salí hoy a la calle a las nueve y media y los primeros copos de nieve de la temporada se derretían en la banqueta. Apenas se convertían en agua caían otros nuevos para reemplazarlos, y recordé la primera vez que vi nevar. Era mayo en una carretera oscura en un país extraño. Lo que caía del cielo realmente era aguanieve y lo que caía de mis ojos eran lágrimas. Miento. No lloré, pero debí hacerlo porque me emocioné.

También recordé la segunda vez que vi nevar. Fue en noviembre, dos años después. Esa vez nevó de verdad. Yo salía de un cine con dos amigos que estaban tan acostumbrados a la nieve como yo lo estoy al agresivo sol de mediodía de México. De nuevo, me emocioné.


Entre esa segunda nevada de mi vida y hoy, han pasado seis años y muchas cosas. Y muchas nevadas. La de hoy no me emocionó. Cayó sobre mi cabeza con el peso de una advertencia: faltan seis meses para ver el sol. Faltan seis meses para sacar las camisas de manga corta de la caja donde invernan. Seis meses.

domingo, noviembre 07, 2004

Ser de la Ciudad de México o como ganarse enemigos gratis

Ser chilango se ha convertido en algo de lo que uno se tiene que disculpar. He escuchado a coterráneos míos contestar a la pregunta “De dónde eres?” con “Soy del Estado (de México)” aunque vivan en Copilco, o de plano “de Cuernavaca”, aunque de Cuernavaca no conozcan ni el Casino de la Selva. Es el mismo tipo de personas que doblan la parte inferior de las placas de sus coches para ocultar la parte donde dice DF MEX, con el objetivo de prevenir un linchamiento en caso de un viaje de improviso a Guadalajara. Esto, cabe mencionar, es completamente idiota por dos razones. Primero, porque la probabilidad de ser linchado en Guadalajara no tiene nada que ver con las placas del coche que uno conduzca, y en segundo lugar, porque las placas del D.F. comienzan con números, mientras que las de los estados comienzan con letras (o viceversa). Así que cualquiera que sepa leer, puede identificar un coche chilango en un dos por tres. Y aunque las placas no ofrecieran tan obvia pista, muchos coches gritan su chilanguez cuando los asientos del coche están cubiertos por una camiseta del América, o con una que diga “mis papás fueron a Acapulco y solo me trajeron esta pinche playerita”.

Lo cierto es que buena parte del 80 por ciento de los mexicanos que no tienen la dicha (o desgracia?) de ser chilanga, le tiene un poco de aversión al otro 20 por ciento. Merecida? Si, y a pulso. Esta mala fama se debe en parte al centralismo extremo que se vive en México, pero creo que la causa principal es que muchos defeños no saben viajar. Llegan a Taxco y se sienten Los Descubridores de Taxco, Portadores de la Verdad y el Progreso. Llegan en Volkswagens a los que les han agregado equipo robado de coches deportivos: alerones, llantas anchas y rines de magnesio. Del espejo retrovisor cuelgan dos dados de peluche unidos por un listón y el pestilente aromatizante “vainillín”. Para ganarse la simpatía de los pobladores locales, hacen preguntas como “aquí no hay metro?” o “dónde está el Sanborn’s?”. Con chilangos así, hay que darnos de santos de que no nos odien más.

En Semana Santa los defeños viajan en hordas a Acapulco. Si son pobres, rentan un autobús junto con otras 12 familias y lo estacionan cerca de la playa de Caleta, donde viven durante cuatro días. Los hombres invierten esos días tomando cerveza o cubas libres y las mujeres los pasan en camisón sentadas en la arena dos metros atrás de donde rompen las olas, y gritando cada vez que pasa una. Si son clasemedieros, viajan en coche propio y se alojan en un hotel en la playa Condesa, pero los rituales son los mismos. Las cubas libres se convierten en cocos con ginebra y los camisones en playeras. Los ricos viajan en avión y se hospedan en Puerto Marqués. Los hombres sorben cocteles en el bar de la alberca mientras sus mujeres holgazanean en el spa, ataviadas de un traje de baño de una pieza pudorosamente cubierto de una blusa carísima. Independientemente de la clase social, todos estos chilangos desearán comer pescado y camarones, dos cosas extintas en la costa de Guerrero aproximadamente desde 1947, y se divertirán mofando el acento de los nativos de la zona. Los acapulqueños nos odian con razón, y por eso tratan de vendernos artesanías horribles hechas de conchas y caracoles de mar –también extintos- o peor aún, orangutanes hechos con cocos que en la barriga llevan la leyenda “recuerdo de Acapulco” (lo que uno necesita es algo que sirva para olvidar Acapulco, no recordarlo). Nos odian y por eso nos quieren vender tiempos compartidos para que dos semanas por año sepamos qué se siente vivir en una ciudad invadida de defeños. Nos odian y nos venden aceite de girasol en botellas de salsa Búfalo haciéndolo pasar como bronceador, o nos convencen de usar servicios que no necesitamos, como ser arrastrados de una lancha ya sea encima de esquís, de una “banana” o colgando de un paracaídas.

Pero por unos, pagamos todos. Suficiente castigo es vivir con esta gente de tiempo completo.

jueves, noviembre 04, 2004

in God they trust


tomado sin permiso de logovo quien a su vez lo tomó de alguien más


Beats me!

miércoles, noviembre 03, 2004

en primera persona

Lo que escribí ayer sobre los gringos debía haberlo puesto en primera persona. Lo que digo ahí es lo que yo pienso, no lo que creo que piensa la mayoría.

La mayoría de los mexicanos son aun más conservadores que nuestros vecinos del norte, y se espantan también del pecho de Janet (y no solo del de ella, sino del de cualquiera de los hermanos Jackson - y con razón!). Esto es cierto sobre todo en las clases medias urbanas: rezongonas, mojigatas y medio hipócritas. Los más pobres son menos medievales en sus juicios. Los más ricos también, a menos de que sean de Pro Vida o del Opus Dei, o cualquier organismo asociado.

martes, noviembre 02, 2004

Ni muy muy, ni tan tan

La imagen de los americanos para los que vivimos fuera de ese país es un poco esquizofrénica. Por un lado, los americanos se perciben como personas amables, sonrientes, que gustan de reír y hablar al doble del volumen necesario y exclusivamente en inglés (no se andan con idiomas extranjeros). Son muy conservadores y les alarma ver los senos desnudos de Janet Jackson y se asustan de las costumbres sexuales del ex-presidente Clinton. Están además a favor de la pena de muerte, de la guerra en Irak, y en contra del aborto y de que los homosexuales tengan los mismos derechos que todos los demás. Un país donde hay tres veces más gente que cree en el cuento de la inmaculada concepción que en la teoría de la evolución (en serio!). Por otro lado, las “sitcoms” americanas nos confirman las sospechas de que todos los americanos son sonrientes y que usan muchos decibeles extra, pero enseñan un lado más liberal y tolerante. Gente que no tiene sexo en la “first date” pero en si en las posteriores, que tiene amigos de todos colores y preferencias sexuales, y que no necesariamente duerme con un revolver bajo la almohada. Además, la tele nos da la impresión de que los que viven en EE.UU. saben qué cosa es una enchilada, un café macchiatto y un smörgåsbord (o saben lo que significa en el contexto gringo: tortillas de harina en salsa de tomate, café con mucha leche y un bufete con albóndigas).


Esta imagen es esquizofrénica porque es un país dividido:
- Nueva York y San Francisco vs. Austin y Oklahoma.
- The New Yorker vs. The Weekly Standard.
- The Passion of the Christ vs. Farenheit 911.
- Fox News vs. The Onion.
- The Bible Belt vs. The Porn Valley.
- Al Franken vs. Bill O’Reilly.
- Bart Simpson vs. Lisa Simpson.

Pero, quiero pensar, la distribución de opiniones no está tan polarizada. Hay más de un millón de republicanos homosexuales (incluida, supongo, la hija de Dick Cheney). Los únicos que votan por los republicanos en Manhattan son banqueros a quienes les gustan los recortes fiscales pero detestan las mojigaterías de los cristianos evangélicos. Y hasta hay unos familiares de Bush que van a votar por Kerry. Por el otro lado, hay demócratas en la National Rifle Association, y si no recuerdo mal, los presidentes demócratas han empezado más guerras que los republicanos. Y muchísimos votaron por Reagan y muchos otros están peleados con el libre comercio y la inmigración porque, dicen, roba trabajos a los americanos.


Si la mitad de los votantes que en este momento están en las urnas y que va a votar por Bush fuera como él, este planeta ya se hubiera ido al infierno hace mucho. Lo que necesitan estos americanos es saber que el mundo no se acaba en San Diego, Brownsville, Seattle y Buffalo. El 94% de los demás vivimos fuera.